Lo que muestra la carta
El Diablo del mazo Rider-Waite-Smith muestra una figura cornuda posada sobre un cubo negro, con dos figuras desnudas encadenadas con holgura a sus pies — las cadenas, ajustadas a sus propios cuellos, pero lo bastante flojas como para sacárselas si quisieran.
Significado al derecho
En la tradición del Rider-Waite-Smith, El Diablo se lee como la carta del apego que ha empezado a atar: el reconocimiento de que algo a lo que el consultante se aferra ha comenzado, con el tiempo, a aferrarse a él. Waite cuidó señalar que las cadenas en torno a los cuellos de las figuras están flojas; su punto era que el cautiverio en la carta lo administra en buena medida quien lo lleva. Quienes leen el tarot suelen interpretar esta carta como la señal de que la pregunta toca una relación, un hábito, una ambición o un miedo que ha comenzado a operar más allá del consentimiento claro del consultante.
El cubo negro y la estrella invertida sobre la cabeza de la figura se asocian en la lectura moderna del Rider-Waite-Smith con una preocupación material que se ha vuelto totalizadora: un valor que era uno entre varios se ha convertido en el valor por el que todo lo demás se filtra. La correspondencia con Capricornio, en la Golden Dawn, ancla la carta en los temas de la estructura, la ambición y el peso de las obligaciones que uno mismo ha contribuido a construir. Al derecho, El Diablo suele interpretarse como el consejo de mirar a qué se está consintiendo en realidad y de notar dónde ese consentimiento ha sido sustituido por el hábito.
Significado invertido
Invertido, El Diablo se lee tradicionalmente como el aflojamiento de la cadena: un patrón que se reconoce por lo que es, un apego que comienza a perder su agarre o — en algunas lecturas — la fase temprana de la liberación, en la que la cadena se siente todavía con fuerza aun mientras se está soltando. Waite asoció la inversión con tentaciones débiles y con los inicios de la liberación; muchas lecturas modernas la entienden como una invitación a nombrar aquello que uno está dispuesto a soltar, aunque el dejar ir aún no se haya completado.
En una tirada
En la posición de situación, El Diablo suele leerse como el nombramiento de un contexto moldeado por un apego que el consultante aún no ha mirado de frente. En la posición de acción, se interpreta como una llamada a examinar el consentimiento, identificar lo que ata y decidir si se sigue o no llevando la cadena. En la posición de resultado, se lee a menudo como la continuación del patrón de apego, a menos que el consultante lo aborde de forma activa.
Estos apuntes siguen la tradición Rider-Waite-Smith. Describen aquello con lo que la carta se asocia — no son predicciones sobre su vida.
